Problemas de alimentación

O cómo los trastornos alimenticios (p.e. la bulimia nerviosa) hacen que la comida pueda llegar a convertirse en tu peor pesadilla.

Cuando sufrimos un conflicto interno que nos genera angustia, esta sensación asfixiante y paralizante se puede manifestar de diversas formas. Una de ellas, que puede llegar a convertirse en una situación de riesgo para la persona, es la “alimentación emocional”: comemos para saciar la angustia no el hambre.

En ocasiones, las personas no sabemos distinguir entre el hambre “real” del hambre “emocional”. Para poder diferenciarlas, podemos observar que en el segundo caso su aparición es de forma súbita e impulsiva, con preferencia de algún momento determinado en el día, se manifiesta con urgencia, normalmente va ligada a alimentos específicos y, al comer, sentimos una cierta pérdida de control vinculada a un sentimiento de culpa.

Una gran mayoría de los problemas relacionados con la alimentación no sólo se producen por el mero desconocimiento de una dieta adecuada, sino que son la expresión de problemas emocionales ocultos, tales como la depresión, fobias, miedos, relaciones familiares conflictivas, baja autoestima, etc. que llevan a muchas personas a utilizar la comida a modo de «ansiolítico».

En nuestra sociedad, la comida se ha convertido en el eje principal sobre el que giran la mayoría de las situaciones sociales de nuestras vidas: comidas familiares, de negocios, de empresa, cenas románticas, barbacoas… y un largo etc. Nos reunimos alrededor de una mesa llena de comida que es el centro que mantiene con vida el encuentro, por lo que con el tiempo llegamos a relacionarla con muchas situaciones sociales a lo largo de nuestras vidas, con recuerdos de la infancia, celebraciones, reuniones familiares, momentos divertidos de amigos, etc.

Según se recoge en algunos estudios, la mayoría de los “atracones” se relacionan con las emociones: tras una efímera sensación de gratificación y bienestar derivada de la comida, continúa una sensación de culpa y fracaso, de malestar y la búsqueda de reparación.

Es muy importante abordar los problemas desde su inicio impidiendo que se hagan crónicos y se agraven, ya que pueden derivar en trastornos de alimentación de más difícil manejo. Cuando un problema de alimentación se acentúa puede tornarse en un trastorno de alimentación, como ocurre con la anorexia o la bulimia, por lo que se tendrían que tomar otras alternativas terapéuticas.

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